sábado, 27 de septiembre de 2008

Jim "Crazy Virginian"(El mejor pirata del mundo)




Pirata callejero, nunca pudo por ello abordar nigún bajel, aunque tampoco se le puede acusar de robo, si exceptuamos el que ha prodigado con más éxito: el de su propio tesoro. Y pensándolo mejor, ni siquiera se le puede llamar robo a eso, más bien le llamaría derroche. Un derroche generoso y nada discriminador. Pero derrochar, ya sabemos, es costumbre extendida entre piratas. El único barco que capitaneó, jamás fue botado a la mar y, por lo tanto, jamás tuvo nombre. Nació tierra adentro, entre viñedos, y la vista del océano le producía la sensación de estar contemplando a "una bella mujer dormida, con el alma misteriosa y profunda"y solía continuar diciendo, "el mejor momento para hablar con ella a solas es cuando yace, pero también es el más peligroso: si se despierta de mal humor, ruge, se encrespa e intenta hacerte zozobrar, para terminar tragándote o haciéndote naufragar".
Aunque cometió incontables asaltos indiscriminados por casi todas las tabernas de la zona, nunca dejó de pagar, salvo en aquellas ocasiones en que la imbecilidad supina del tabernero así lo demandó. Es ya famosa la historia que circula acerca de su abordaje a "The Tawn's", taberna flotante regentada por Alphonse Tawn "El Fraile" y sus hermanos. Peter O'Teo, otro prestigioso bucanero de origen irlandés, retirado del pirateo poco después y que ahora se dedica a la jardinería, le acompañaba y fue parte activa en el abordaje a la citada taberna. Amigo de sus amigos y de sus enemigos, con los que solía empezar cabreándose para terminar cachondeándose, nunca negó el refugio a alguien necesitado (incluso a algunos reclamados por la horca, sin importarle si su prestigio quedaba en entredicho por ello o si él mismo se veía acusado de complicidad). Cuentan que en su juventud había viajado mucho, y que en uno de esos viajes probó sustancias alucinógenas, incluso antes de que el comercio del opio con las Indias Orientales y China comenzase a tomar auge. Al parecer, hábil conversador y con gran facilidad para los idiomas, se entendía con unos moros, antiguos piratas de Berbería, que comerciaban desde el norte de Africa con Gibraltar y que portaban esas sustancias camufladas entre las especias y colorantes con los que traficaban legalmente. Aunque no se cuidaba nada físicamente, no perdía un cierto aire infantil, desconcertante a veces. Increíblemente para el aspecto tan poco deteriorado que presentaba, bebía más que el mismísimo Morgan y Flint juntos, aparte el uso de las ya mencionadas sustancias exóticas (algunas de ellas, altamente tóxicas, por lo que aún resultaba más asombrosa su agilidad física y mental, teniendo en cuenta los excesos cometidos a lo largo de más de treinta años de piratería). Poseedor de vastos conocimientos, inhabituales en este tipo de Caballeros de Fortuna*, podía pasarse horas y horas hablando de miles de temas diferentes, salpicando la conversación (monólogo a veces) con un montón de anécdotas y toques humorísticos de todo tipo, muchos de hornada propia y otros tantos recogidos del pueblo durante años, haciendo gala de una prodigiosa memoria. Con gran capacidad inventiva, era capaz de hacer una poesía en un minuto o imaginarse la calamidad más imponente. No necesitó nunca brújula: le bastaba echar un vistazo al mapa para llegar a algún lugar y, una vez allí, jamás se perdía, a pesar de no haberlo pisado antes en su vida.
Fue por una mujer lo de su apodo "Crazy". Se enamoró de ella en un puerto del sur, donde la sal y el sol. Ella no le quería, sólo se fue con él por vivir una corta aventura, aburrida seguramente de su vida monótona y plana a la que pronto volvió, procurando borrar cualquier tipo de pista que pudiera relacionarla con el pirata, tras haberle jurado (falsamente) amor eterno a Jim "Crazy Virginian". A partir de entonces, se le veía vagar solitario, dando camballadas, algo extraño en él, acostumbrado a beberse la ración de toda la tripulación sin el menor pestañeo. Hablaba solo en voz alta, palabras ininteligibles, inconexas, maldiciones al cielo... inopinadamente, paraba de forma repentina y gemía o canturreaba, para terminar llorando como un chiquillo. Después se secaba las lágrimas y, como si se le hubiese regenerado la sangre, comenzaba a reir y a insultarse cómicamente a sí mismo, diciendo frases como "¿seré carajote, mira que llorar por una menda?" y cosas por el estilo. Tan pronto reía como lloraba o clamaba a los dioses -o a los demonios-; o bromeaba acerca de la muerte sin el menor atisbo de respeto o temor hacia ella.
Poco a poco se fue apagando su lucidez mental, hecho por el que era admirado, incluso por los que le temían u odiaban, y querido por los que bien le conocían. Él, que siempre había sido el primero en coger el acordeón y animar las largas veladas en los dias de temporal, ahora era incapaz de sonreir, de conversar, de vivir como siempre había vivido. Una sombra de sí mismo.
La última vez que lo ví fue en su refugio de Virginia Point, tumbado en una especie de chaise longue, fumando una larga pipa de hierbas tropicales y con media arroba de ron en el suelo. Apenas podía moverse, pelo enmarañado, barba de varios días y olor a mucho más tiempo sin cambiarse de ropa. Estuve intentando charlar de algo congruente con él, pero fue imposible, tan lamentable era su estado. De vez en cuando cogía un papel de la mesa de al lado, un papel donde había escrito lo que, según él, eran "letras moras", y se lo ponía en el pecho, en el lado del corazón, apretándolo, mientras la respiración se le aceleraba hasta convertirse en una especie de jadeo, en un largo suspiro entrecortado únicamente por la necesidad automática de tomar aire. Le pregunté por el significado de aquellas letras, puesto que yo ignoraba el árabe: -"El nombre de mi amada es el nombre de una flor"-me contestó dibujando una mueca parecida a una sonrisa, pero propia de un lunático-. "¿Lo ves? Aquí lo pone: mira, mira; yo mismo lo escribí"-y me enseñaba el escrito como si yo supiera leerlo; para mí era sólo un papel con un garabato grande y otros más pequeños, sin sentido alguno-. "Sí, es un nombre muy bonito"-le dije, al tiempo que comencé a retirarme para despedirme, conmovido por ver a alguien a quien conocí tal y como lo conocí y a quien ahora casi no conocía- "un nombre muy bonito de mujer".


* Así es como gustaban de autodenominarse los piratas (nota de Darby McGraw,el escribiente lechuguino).


P.D.
Ya fuera, cuando me alejaba del lugar, le oí decir en voz alta "¡ella me quiere ¿sabes?! ¡Está loca por mí!" La carcajada con la que siguió, terminó en un aullido largo y doloroso, el lamento propio de un animal herido...

Al amigo que conocí un día y espero seguir conociendo por mucho tiempo.

(Te dije que te dedicaría una entrada, pero que primero pasaría a verte: cuídate, tío ¡por la oreja embalsamada de Jenkins! Y no caves más hondo, el tesoro ha volado. Guarda el recuerdo de lo bueno que un día disfrutaste.)



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si vuelves a aparecer por Virginia Point, te estaré esperando son toda la artilleria dispuesta para enviarte a dormir con los camarones (los de la Isla o los de los muertos de Paneque).
Vale, peloteo mutuo...

La Lola se va a los Muertos

Anónimo dijo...

Es más, después del mensaje que me he encontrado, no vuelvas o te colgaré en la picota más alta de V.P.

La hija de Flint.

El Ratón Tintero dijo...

Lo que yo daría por tener algún día un amigo que escriba algo así de mí.
Me conformo con algo parecido.
Tienes ya un tesoro Jim “Crazy Virginian”.

(¡Qué cosa más graciosa de video, por favor!)

Anónimo dijo...

Ahora sí que vas a tener que traerme no el ron, sino los clinex, Darby Mc Poya !

Pata Plástico