viernes, 20 de marzo de 2009

Tortuga (1)


Hemos cruzado a la parte sur de Tortuga aprovechando la noche, cerca de Cayona. Esos gusarapos están de fiesta: mejor que mejor; esperaremos a que el ron haga su efecto para entremezclarnos con la miltitud alcoholizada...pero el lechuguino y yo necesitamos otras ropas, por muy borrachos que estén, mis hombres nos reconocerían casi con toda seguridad...tenemos que buscar la parte de atrás de alguna casa y robar la colada de algún tendedero, no se me ocurre otra cosa menos arriesgada.
Mientras esperamos, os contaré algo sobre esta maldita isla, a la que se le llama Tortuga porque su forma recuerda al caparazón de ese animal, o eso dicen, porque a mí me parece una isla como todas y no le veo forma de tortuga por ninguna parte.
Colón descubrió esta isla en su primer viaje. Dista de Hispaniola unas 2 leguas* y en principio pertenecía a España. En tiempos de FelipeII la parte occidental de Hispaniola -como ocurrió con otras colonias insulares españolas- sufrió las consecuencias de las guerras que se sucedían en Europa, puesto que las mercancías pasaban de largo camino de la metrópoli que, debido a esas contiendas, engullía cantidad de suministros y riquezas para mantener y pagar a los ejércitos.
El contrabando se generalizó y si en Europa católicos y protestantes estaban enfrentados, aquí comerciaban libremente e intercambiaban productos sin el gravamen que suponían las tasas de la Casa de Contratación. Contrabandistas ingleses, franceses, holandeses y portugueses cruzaban desde las costas americanas hasta la parte occidental de Hispaniola y vendían sus productos a los colonos españoles, quienes a su vez vendían otros a los contrabandistas, en especial cuero. Pero, ya bajo el reinado de FelipeIII, la Audiencia de Santo Domingo decidió tomar cartas en el asunto y efectuó una redada entre los comerciantes ilegales españoles: curiosamente, más que las posibles mercancias adquiridas al margen de la ley, lo que trascendió fue el hallazgo de más de 300 biblias luteranas entre la población católica española: ¡hasta aquí podíamos llegar! El asunto era inadmisible para el gobierno metropolitano y el rey ordenó el desalojo y abandono de la parte occidental, Tortuga incluída. Todos los habitantes fueron evacuados y en 1606 dos tercios de Hispaniola estaban deshabitados. Gran cantidad de ganado, del que se obtenía el cuero, quedó abandonado volviendo al estado de salvajismo, reproduciéndose sin control y proliferando sin medida.
Estos desalojos se produjeron también en otras islas antillanas que, como antes se dijo, padecían las mismas condiciones que Hispaniola. En uno de ellos, en San Cristóbal, una flota española desalojó a contrabandistas ingleses y franceses, aunque una parte de estos segundos logró hacerse a la mar y escapar, llegando a la parte abandonada de Hispaniola, frente a Tortuga. Al llegar se encontraron con que había abundancia de ganado suelto, así que decidieron instalarse: Este sería el principio de los bucaneros.
La palabra bucanero proviene de la lengua de los indígenas caribes, en la que la palabra bucán (o bucana) sirve para nombrar a una rejilla de una madera resistente que se utiliza para ahumar la carne. Los refugiados franceses, que con el tiempo habían ido incrementando su número con aportaciones de otras islas, copiaron de los indígenas este sistema de conservación, al haber carne en abundacia, por lo que se les empezó a llamar bucaneros (fr. boucaniers).



No se debe confundir a los bucaneros con los filisbuteros ni con los piratas (como yo ¡por todos los demonios de los abismos!), aunque, al final, todos nos dedicamos a lo mismo.
Los filibusteros sólo actúan bordeando las costas con pequeños barcos, rápidos y maniobrables y rara vez se adentran en alta mar, a menos que no sea para huir como liebres asustadas ¡por las branquias de todas las merluzas! Más que abordar navíos, atacan pequeñas poblaciones costeras para saquear en tierra. Muchos filibusteros se asentaron en Tortuga y desde allí comenzaron a hacernos la competencia por todo el Caribe.
Por su parte, los bucaneros volvieron al antiguo comercio ilegal del cuero junto con la carne ahumada, contraviniendo así los dictámenes del gobierno de España, que veía cómo sus esfuerzos por dejar desierta esa zona habían sido inútiles, esta vez a causa de estos bucaneros, así que decidió exterminar al ganado, fuente de la materia prima en la que se basaba el contrabando.
Este exterminio provocó que la mayoría de los bucaneros se fuese a Tortuga, controlada por los filibusteros franceses, y que se asociaran con ellos para dedicarse a la piratería (aunque nada comparable a lo mío ¡malditos impostores!).
Lechuguino ¿estás escribiendo? tendremos que buscar para tí unas ropas de mujer, estás demasiado delgado para encontrar algo de tu talla ¡no pongas esa cara y carga la pluma, que aún no he terminado de narrar la historia de esta condenada isla! ¡por las púas de todos los erizos!




* unos 10 kilómetros

(Continuará)

1 comentario:

Cristian dijo...

Todo lo que tenga que ver con el entretenimiento me interesa mucho y por eso trato de conocer distintas cosas vinculadas al hecho de disfrutar. En mi caso lo que mas me gusta es viajar y por eso trato de conseguir con el Outlet LAN la chance de llegar de forma barata.